PRIVATIZANDO GANANCIAS Y SOCIALIZANDO PÉRDIDAS Por: Andrés Camilo Rojas

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Por: Andrés Camilo Rojas

A nivel mundial el consumo de pollo viene creciendo cada día más y así lo muestra la FAO –Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura- el New York Times  y hasta la serie de Netflix “Rotten”, quienes coinciden en que las consecuencias del crecimiento depredador de la industria avícola deja las ganancias a un reducido número de propietarios de gigantescas empresas del ramo y multiplica las pérdidas y daños entre la mayoría de trabajadores, animales y medio ambiente, que se encuentran en su radio de influencia. Esta realidad se puede apreciar de primera mano en San Francisco y la zona alta de La Vega donde los grandes operadores de la industria avícola ganan millones a costa de las mayorías que habitamos estos territorios.

Se aduce que la presencia de la industria avícola trae “progreso” a la zonas donde se asienta, pero las grandes estructuras rectangulares con polisombras verdes en sus costados que hoy flanquean la mayoría de las veredas de San Francisco (El Muña, Pueblo Viejo, San Antonio, El Peñon y San Miguel) y las de la zona alta de La Vega (El Chuscal, El Roble entre otras) generan  desagradables olores por el inadecuado manejo de los residuos de las aves dándole olor a amoniaco a la zona, presencia de vectores (moscas y roedores), un gasto exagerado de agua, mala disposición de aguas (contaminando afluentes) y un gran tráfico de camiones por las veredas como por el casco urbano de San Francisco destrozando la endeble infraestructura existente. Todos estos efectos detienen el crecimiento del turismo, afecta el valor de la tierra y crea una afectación al medio ambiente considerable.  

Por lo que no queda claro cuál es el aporte de dicha industria a la zona, pues el número de personal requerido es muy poco, su contribución en impuestos es mínima y si nos deja su mal olor, el agua contaminada, una tierra con menor valor y vías averiadas. Es momento de pensar en sustituir la vocación de nuestro territorio en función de negocios que no le generen pérdidas a las mayorías y que, de paso, genere una opción de lucro aceptable para los propietarios y habitantes de la zona como lo podría ser el pago por servicios ambientales (pago por hectárea conservada o restaurada), la implantación de bancos forrajeros para la ganadería, proyectos avícolas de menor escala (gallinas felices, las que son muy bien pagas), plantaciones alternadas maderables,  producción orgánica de comida, el turismo deportivo y ecológico entre otras. Las opciones son múltiples y ya es hora de hallarle a la cercanía a la capital y a un apacible clima templado, una ventaja real.

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