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Por: Carlos Mario López Jerez

En unas de mis editoriales anteriores, hablé sobre el rió San Francisco en Bogotá, allí pude describir  como lo sepultaron, para construir la ciudad de espalda al agua, esto se convirtió en una práctica común para entonces, aunque en este mundo globalizado todos hablemos de cambio climático, la crisis del agua, los animales extintos y demás devastaciones ocasionadas por el hombre, No importa, hoy sepultar el agua sigue siendo una práctica común; por lo anterior esta Editorial está pensada en resaltar, el trabajo que hacen aquellas personas que cuidan el agua de estas prácticas.

Esos guardianes com los quiero nombrar, son veedores, presidentes de junta, miembros de organizaciones socio ambientales, o sencillamente ciudadanos, pero que a diario esgrimen su mayor esfuerzo, por proteger el poco recurso hídrico que nos queda, empleando una gran entrega en aprender, comprender, las inquietudes y necesidades de los que los rodean, “la comunidad”, la misma que aveces no les entiende, pues en la mayoría de los casos son los guardianes quienes han apropiado el territorio cuando se trata de cuidar el agua, necesidad que a todos nos debería interesar, aunque parezca que algunos no les importa.

Hoy veo la gente, en especial a los jóvenes mucho más interesados y pro activos en conocer y defender los los recursos naturales, esto aun es un tema nuevo dentro del trabajo de la sociedad civil, lo cual lo hace particularmente exploratorio, es decir, el método de ensayo y error se impone en este proceso, por ello a veces son tan lentas las luchas ambientales, en muchos casos los resultados no se ven ó no son los esperados, ocasionando deserción y frustración, pues si algo tiene en común el trabajo en la defensa del agua, es el largo tiempo y su desgaste.

Como por ejemplo en el Humedal Los Patos en Tocancipá, a uno de sus costados queda una madre vieja del río Bogotá, que esta contaminada con metales pesados y demás contaminación drenada al río, mediante una  acción popular interpuesta, se ordena recuperar este meandro, orden judicial que no ha tenido ningún efecto en este territorio, pero que aún mantiene a veedores trabajando por proteger el agua, aunque hoy se vean enfrentados a otras problemáticas.

Otro caso para no irnos tan lejos, el tema de líneas de alta tensión sobre las zonas de reserva, del Gualivá, Tequendama y la Sabana proyecto que  la Empresa de Energía de Bogota EEB quiere instalar en la zonas altas de reserva, aunque los comprometidos veedores ya instauraron una acción popular que fue aceptada por tribunal administrativo de Cundinamarca, donde se pide una medida cautelar para el proyecto UPME 01-2013 Sogamoso Norte Nueva Esperanza, la empresa sigue “socializando”, invadiendo predios y colocando mojones sin licencia ambiental.

La defensa del territorio requiere más que amor a los animales, requiere de pensar y conocer el territorio, proponer propuestas de desarrollo en el marco de cómo construir la ciudad y la ruralidad, miradas subjetivas que desde lo social representan patrimonios de vital importancia para la humanidad, por eso le digo Guardianes a aquellos que se la juegan por una Chucua, una rana, una tingua, una quebrada o sencillamente por la vida, por eso he de dar gracias a todos ellos por su trabajo, por enseñarme a mirar el territorio, por demostrar tenacidad en los momentos más difíciles y trabajar por lo que es de todos. Gracias.

 

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