La paradoja de la construcción en Chía: vienen a dañar lo que estaban buscando

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Cuando uno tiene que ir a Bogotá y algún desconocido le pregunta ¿y Usted donde vive uno le responde: en Chía, la frase siguiente es algo así como Oh! Que bueno, aire limpio, campo, naturaleza allá si se vive bien!. Bueno, algo de eso es cierto, pero está cambiando a las mismas condiciones que se dan donde el gran vecino y todo por cuenta de una administración que, al parecer, está interesada en destruir la naturaleza para construir dormitorios. Es lo que está pasando en la chucua de Fagua.

Para los funcionarios de la administración intervinientes les voy a explicar que es una Chucua: es simplemente el nombre vernáculo de una quebrada: si, una Chucua es una quebrada, una fuente de agua, una corriente hídrica y en este caso es quizás la única corriente local que le queda a nuestro municipio y que tiene una vida y un fluir permanente; a pesar de los humanos de sus vecindarios, se ha negado a morir, pero la administración actual está decidida, como en los toros, a permitir que se le dé el puntillazo final con la construcción del Plan Parcial 15 en lo que se llama El Darién, con el falso argumento de que la Chucua de Fagua es un vallado.

Tengo en mi poder una fotografía aérea de 1958 en la que se muestra el transcurrir meándrico de la quebrada, el cual fue intervenido hace décadas por los propietarios de tierras, seguramente con el fin de acrecentar terrenos para la agricultura. Eso no estuvo bien, pero eran épocas en donde la tierra y las aguas sobraban para todos, lo cual no justifica que se haya hecho, pero tampoco que se siga maltratando este cuerpo de agua.

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Si los bogotanos ya no tienen donde dormir, a ellos corresponde solucionarlo. Los chienses debemos nuestra calidad de vida a la conservación de nuestro territorio, de nuestro paisaje y especialmente a la conservación de las aguas que nos quedan. Me informan que el Plan parcial 15 contempla la construcción de habitaciones para 27.000 personas, es decir aumentar la población del municipio de manera inmediata en cerca del 30%, lo cual significa 27.000 Kgs. diarios de vertimientos sin ningún tratamiento al río Frío; cerca de 6.500 vehículos transitando por unas calles diseñadas y construidas para las necesidades de hace 100 años; un municipio paupérrimo en espacio público, sin parques ni espacios urbanos verdes; en fin, un casco urbano que requiere de profundas intervenciones urbanísticas para adaptarse a las necesidades de sus pobladores actuales y que no tiene porqué seguir creciendo de manera desmedida, desordenada y arbitraria, con base en una planeación ejecutada para beneficio de unos pocos y malestar de la mayoría.

Los constructores vienen de Bogotá porque allá no les queda más territorio para dañar. Sabemos que la construcción es fuente de ingresos y economía, pero eso se puede hacer con respeto por el ecosistema; en concordancia con la capacidad de carga del territorio; teniendo en cuenta la naturaleza que, créanlo o no los constructores, somos parte de ella. Señor alcalde: gobernar y prosperar no puede tener como consecuencia la destrucción del ecosistema local, no puede ser a costa de éste, pues se generaría una paradoja: destruir lo que los consumidores quieren encontrar.

 

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